Todo el mundo sabe que la población de borregos en Nueva Zelanda excede -y con mucho- al número de personas que habitan ese país. Pocos saben, sin embargo, que fue en Nueva Zelanda donde se describió la primera cepa murina propensa a la autoinmunidad, en el ahora lejano 1959. Desde entonces, y a la fecha, los inmunólogos y reumatólogos están al tanto de lo que ocurre en Nueva Zelanda, conocen incluso su situación geográfica, y están pendientes de nuevos modelos murinos que desarrollen de manera espontánea una enfermedad semejante al lupus eritematoso humano. Los estudios de estas cepas -ya no sólo las neozelandesas, e.g., MRL-1 y BXSB- han demostrado que existen factores genéticos que contribuyen al establecimiento de un proceso autoinmune patológico.
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