Esta película se ha rodado en soporte digital porque su director, Julio Médem, prefería rodar planos muy largos, sin tener que preocuparse de cambios de chasis, ya que una historia tan comprometida en la interpretación demandaba ese tratamiento. Por otra parte, al trascurrir prácticamente en su totalidad en un interior, era fundamental limitar la profundidad de campo para que los fondos no restasen protagonismo a las actrices. Esta circunstancia obligó a elegir una cámara como la Red One, que respondiese a ambos requerimientos. No acabó muy contento el director de fotografía, Alex Catalán, con la respuesta de la Red One (v. 17), pues le limitaba mucho la latitud, y ello le obligaba a poner especial celo en la exposición, y también acusó problemas de ruido en los negros, hay que subrayar que en la película se dan muchas situaciones de penumbra. Ante el escaso número de sets donde trascurría la historia, Alex Catalán procuró una variedad de ambientes y situaciones en un mismo espacio, y aplicó un tratamiento de luz con varios cambios durante la película, lo que multiplica la sensación de diversidad.
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