De todos es sabido que el mundo de la imagen presupone por parte de la persona que lo cultiva unas mínimas dosis de creatividad. Sea cual se la disciplina (diseño, fotografía, cine, infografía, ilustración...) todo aquel qu vive de la imagen es porque se le reconoce un talento creativo y una habilidad técnica. Y es justamente en niveles profesionales, en los que se suponen los niveles más altos de calidad y creación, donde empezamos a encontrarnos con trabas a esa creatividad, y donde los condicionantes económicos vierten todos sus prejuicios sobre unos trabajos que se quedan en la mera traducción de los intereses e incluso los gustos de un cliente. A pesar de esto, siempre es posible sobreponerse a esos condiconantes y, bien por habilidad o por conocimientos, saber hacer de una disciplina concreta el vehículo de unos mensajes y gustos casi personales.
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