En uno de los últimos capítulos de su obra Verdad y Método, Gadamer realiza una �acuñación del concepto de lenguaje a lo largo de la historia del pensamiento occidental�, y al llegar a la Edad Media, sorprende con la consideración del tema teológico de la �encarnación del Verbo� para explicar la relación entre pensamiento y lenguaje. No obstante, este recurso le permite elaborar una argumentación en apoyo a su teoría ontológico-hermenéutica del lenguaje. La analogía entre el tema teológico y el modo de ser del lenguaje, ya la pensó San Agustín y la registró en su libro De Trinitate. Ahí explica la naturaleza sustancial del verbo interior, y el modo particular en que éste sigue el proceso que conduce a su encarnación en vox, sin perderse o transformarse en mero signo convencional. En virtud de la relación que el verbo interior guarda con las notitias, con las Ideas en el Verbo, y con las esencias de las cosas físicas de este mundo, se logra una interesante y coherente ontologización del lenguaje, que servirá de inspiración a Gadamer.
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