Este artículo hace un reexamen personal del significado del corte emotivo, proponiendo un itinerario de redescubrimiento de la figura paterna pero, sobre todo, a través del encuentro con culturas indígenas, del sentido de poder completarse con una historia personal. Transmitiendo un sentido de crecimiento personal y profesional para un terapeuta familiar. De este modo el viaje de descubrimiento de una histotia sentida como ajena a la propia puede transformarse como estímulo para un encuentro más autentico en el cotidiano trabajo terapéutico siguiendo el enfoque relacional-sistémico.
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