Con el vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la creciente globalización, la "aldea global" es un hecho. Pero, ¿qué pasa con los miles de millones de seres humanos que, por limitaciones de todo orden, no pueden acceder a esta "panacea tecnológica"?, ¿qué con las identidades culturales? En este contexto, el planteamiento martiano de injertarnos el mundo, pero que "el tronco sea de nuestras repúblicas", tiene más vigencia que nunca.
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