El paradigma clásico de la ciencia moderna, a partir de la ilustración, se funde y confunde con la ciencia sexual. Desde el siglo XVIII, los cuerpos y la sexualidad se definen y regulan por la lógica de la diferencia metafísica: ser hombre o mujer se remite al orden divino y natural. Ese ordenamiento es sancionado por un método: pensamiento cartesiano, racionalismo. La autora parte de esta premisa y lleva adelante una interesante reflexión en torno a la concepción del sexo y género, así como la representación de las relaciones entre ambos en las diferentes culturas.
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