Con un lenguaje pobre, solo hay un mundo chato y alicaído. El periodismo se muere porque los periodistas no festejamos cada día, y en cada nota, la palabra. Mucho talento y una sensibilidad que no mengüe, que no pierda el gozo de la palabra atrapada, de la frase que significa, de la metáfora que transparenta, debe poseer el periodista, sostiene José Hernández.
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