Sería difícil encontrar una personalidad musical más representativa de los cambios acaecidos en el arte sonoro tras la Segunda Guerra Mundial que la encarnada por Pierre Boulez. El que fuera el niño terrible de la música francesa ha sabido demostrar en cuatro intensas décadas de actividad en todos los campos que estamos ante uno de los nombres imprescindibles de nuestro tiempo. Boulez, que irrumpió como compositor cn esa página hoy ya clásica que es Le Marteau sans Maître, orientó también su infalible punto de mira hacia la interpretación y la reflexión, dándonos dentro de la primera una lúcida metodología con la que aproximarse a las partituras del siglo XX y en la segunda algunos de los escritos más brillantes e influyentes de los que se han pensado sobre la nueva música. La presentación en España de Pierre Boulez, con el Ensemble Intercontemporain y la Orquesta de París, como director y con obras suyas en los programas, es una magnífica ocasión para intentar paliar de alguna manera el desconocimiento que aquí se tiene de su labor.
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