La Catedral de Burgos, joya del gótico, llega al final del siglo XX con los achaques propios de sus más de setecientos años de historia. Terremotos, huracanes, rayos y tormentas violentas, unidos a la climatología de la zona, van dejando huellas en los airosos elementos que componen su geometría arquitectónica. La intervención iniciada en 1994 ha permitido la conservación de un bien tan significativo a nivel arquitectónico, histórico cultural y religioso como es esta iglesia, cuya primera piedra pusieron, allá por el año 1221 de nuestra era, un obispo sabio, Mauricio, y un rey, luego santo, Fernando III.
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