Después de protagonizar una de las carreras más dilatadas y relevantes del sector bancario, la dimisión de Alfredo Sáenz como "número dos" de Emilio Botín en el Santander, aunque esperada por algunos, ha caído como una bomba en el entorno financiero español. No en vano, se le considera como uno de los ejecutivos financieros más solventes, tras conseguir afianzar la entidad que hasta ahora dirigía como el primer banco de la zona euro por capitalización bursátil. Su renuncia, consecuencia directa de sus problemas judiciales, ha permitido, por un lado, evitar que el Banco de España tuviera que tomar la incómoda decisión acerca de su "honorabilidad". Pero, por otro, supone el pistoletazo de salida de cara al relevo generacional en la dirección, encarnado por el nuevo consejero delegado, Javier marín, detrás de quien se perfila la figura de la que todos consideran como la "heredera" del patrón, Ana Patricia Botín.
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