Los brutales recortes en políticas sociales y asistenciales, en un Estado del Bienestar que tampoco antes estaba muy desarrollado, han generado una brecha que agiganta la desigualdad, y que pone de manifiesto la dejación en sus funciones y responsabilidades por parte del Gobierno y de numerosas administraciones autonómicas y locales. Este vacío está siendo suplido -con más voluntad que medios- por la tarea de diversas ONG y una amplísima red de solidaridad familiar que están impidiendo el estallido social que podría provocar el incremento exponencial de la pobreza y la terrorífica cifra de 6.200.000 parados. El "Estado Social y de Derecho" proclamado en la Constitución Española es ya sólo otro papel mojado más, y está siendo sustituido por la caridad, la compasión y la ayuda mutua, para dar paso a un "nuevo" Estado de Beneficencia que cada día se asemeja más a los relatos de Charles Dickens.
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