A menudo pensamos en los niños y niñas desde la perspectiva de lo que serán en un futuro. Nos preguntamos si llegarán a ser tal cosa o tal otra, o bien imaginamos qué personas queremos que sean en el futuro. Estos planteamientos, estas ilusiones y esperanzas futuras son comunes tanto en el ámbito familiar (mi hijo será un buen padre y, además, médico o futbolista), como en el ámbito educativo (haremos de estos alumnos personas con estudios), pero también lo han sido en el ámbito de la política, y un claro ejemplo de ello lo encontramos si prestamos atención a las múltiples veces que nos referimos a los niños como a los ciudadanos del futuro obviando su condición presente de ciudadanos.
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