Existe en España un importante patrimonio histórico de obras públicas al que debe darse la debida atención en este aspecto.
Hasta finales del siglo XVIII la única técnica utilizada para hacer puentes durables era la de arcos de piedra. En nuestro siglo las exigencias del tráfico y las técnicas de construcción de puentes han variado radicalmente. Ello supone una variación de actitud respecto de los puentes históricos y obliga a optar por una de estas dos posibilidades:
a) Adaptarlos a las necesidades actuales del tráfico, lo que supone una transformación sustancial del puente con fuerte deterioro de sus cualidades formales.
b) Sustituirlos por un nuevo puente. El puente antiguo se queda sin función y, por tanto, pierde su carácter de obra de ingeniería. En general se abandona totalmente, deteriorándose hasta su hundimiento.
El estudio de estas opciones y de los problemas que se plantean en estos puentes es la intención fundamental del presente artículo.
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