El año pasado se abrió finalmente al tráfico por carretera el nuevo paso de Despeñaperros en la A-IV. Es una obra magna de ingeniería, pero también la culminación de un proceso histórico suscitado por la necesidad de vencer el desafío orográfico de Sierra Morena. A finales del siglo XVIII ya se resolvió en una primera versión, un hito para su época. El proyecto del ingeniero francés, pero españolizado sin remisión, Carlos Lemaur, lo consiguió en un contexto político concreto y muy sugerente. De esa hazaña trata el artículo.
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