Agobiados, sin un duro, con cierta sensación de vacío en el estómago y con el país arrasado... pero felices al fin y al cabo. Este fue el mensaje del franquismo durante 40 años. Un discurso que hábilmente cambió con el tiempo y que escondía un bluf, quizás el mayor de la historia contemporánea de España, solo superado por el de la burbuja inmobiliaria que nos hizo creer a todos la ficción de la riqueza.
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