El trabajo, siguiendo un estudio de caso, se acerca a la administración de justicia en los primeros años de la conquista de México. El empeño de un sastre en recuperar su honra y fama, perdidas tras la ejecución de la sentencia que en 1521 pronunció en su contra el alcalde ordinario Pedro de Ircio, lo llevó a interponer una querella criminal aprovechando la llegada del juez de residencia Luis Ponce de León. Invertidos los papeles de actor y reo, el fallo del licenciado Marcos de Aguilar restituyó a Martín Rodríguez en su reputación, aunque, por haber fallecido Ircio antes de sentenciarse el proceso, no logró que, como era su deseo, fuese castigado con la misma pena padecida.
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