Había hambre de unanimidad entre los socialistas y Emiliano García-Page se la dio, por lo menos en Castilla-La Mancha. Elegido nuevo secretario regional por más del 95% de los votos, el alcalde de Toledo ha ascendido en cuestión de dos meses a primera división de la política nacional, a golpe de medir al milímetro sus tiempos y sus estrategias. Con la palanca de ser uno de los pocos que mantienen la vara de mando municipal, ha sabido, en plena lucha por el poder en el PSOE, ser a la vez tercera vía y retirarse a tiempo para apostar por el caballo ganador, Rubalcaba. Dicen de él que es el nuevo Bono, del que habría heredado no sólo el cargo - con el interregno de Barreda -, sino también los modos y la concepción de la política.
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