Las infraestructuras constituyen la base sobre la que se asienta el desarrollo social y económico de un país. Ello implica la necesidad de asignar recursos económicos durante su periodo de explotación a fin de asegurar que a lo largo del tiempo esa infraestructura sigue cumpliendo la función para la que fue planificada, diseñada y construida. Esta inversión anual se ha cuantificado, como mínimo, en el 2 % del valor patrimonial, siendo recomendable para España que estuviese en el entorno del 2,5 %. La sistemática es una de las características básicas de la conservación y ello implica que se debe huir de gestionar mediante �planes de choque�, debiendo, por el contrario, ser de naturaleza preventiva.
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