El 1 de diciembre se pone en marcha oficialmente el proyecto clave de la reforma bancaria española: el "banco malo". Clave, porque será, en principio, no sólo el vehículo del saneamiento bancario, sino también la medicina que sacará del coma al sector inmobiliario. Pero, a mes y medio de su arranque, está en el aire el aspecto más determinante del proyecto, como es el precio al que serán traspasados los activos "tóxicos". De ello dependerá que la futura entidad sea rentable o que tenga que ser, también, sufragada por los bolsillos de los contribuyentes. Una decisión que se está negociando a cara de perro con la UE, y que ha obligado a los bancos en apuros a presentar la semana pasada planes de viabilidad provisionales.
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