La semana pasada arrancaba el juicio del Prestige, la mayor causa jamás instruida en España por un delito contra el medio ambiente. Tras casi diez años del hundimiento de este buque, el 19 de noviembre de 2002, frente a las costas de Galicia con 76.972,95 toneladas de fuel oil, sólo se sientan en el banquillo tres personas: el capitán del Prestige, Apostolos Mangouras; su jefe de máquinas, Nikolaos Argyropoulos, y el entonces director general de la Marina Mercante, José Luis López-Sors. El primer oficial, Ireneo Maloto, también acusado, se halla, al cierre de esta edcición, en paradero desconocido. Ninguno de los altos responsables políticos de la catástrofe han sido, siquiera, imputados.
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