Se defiende en este breve ensayo la conveniencia de que el Estratega de Comunicación sea el líder de la institución en la gestión del instrumento más poderoso que tenemos los seres humanos: el lenguaje. Esa visión dota de complejidad a su tarea y la aleja de los planteamientos lineales o causa-efecto que subyacen todavía en muchas acciones marketinianas y de comunicación actuales. Este rechazo del causalismo y el logicismo clásico como principio estructurante del rol comunicativo, asume simultáneamente lo cultural, paradójico, discontinuo, contradictorio y polisémico como entorno natural de acción. Un entorno del que metafóricamente se puede afirmar que en estos momentos se parece más a una frontera que a un territorio. De ahí que se haya elegido el título de "el habitante de la frontera" para acercarse al rol y a los rasgos del Estratega de Comunicación.
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