En el contexto de la Guerra Fría, el fin de las dictaduras en Portugal y España se observa desde el exterior como un problema único, que preocupa a Occidente porque podría conllevar la desestabilización política, social y económica del suroeste europeo, así lo he interpretado anteriormente, pero en este artículo se insiste, además, en el marco de la Détente y esto es nuestro primer foco de atención. Como segundo objetivo, se observa cómo en el caso de Portugal la posición de la Administración Ford evolucionó desde una presión directa sobre la Presidencia y los Gobiernos provisionales para que sacaran a los comunistas del poder a una actitud más contemporizadora, que había sido sostenida por los Gobiernos europeos y consistió en dar tiempo y ayudar a los sectores políticamente moderados para que reaccionaran. Por último, se defiende que la evolución de Portugal proporcionó a EE. UU. un aprendizaje para canalizar su actuación sobre la inminente transición española: el respaldo al reformismo, la observación permanente del Ejército, la búsqueda de contactos con la oposición moderada y, muy principalmente, el convencimiento de que la mejor garantía para la viabilidad del proyecto reformista que avalaban se hallaba en vincular a los europeos con el mismo y, en esencia, que le otorgaran su credibilidad. Se convencieron de que la llave para la estabilidad en España se hallaba en la europeización.
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