A partir del año 2004, y más claramente a partir del año 2006, los precios nominales de algunos alimentos básicos como los aceites vegetales, el arroz, el trigo, el maíz y los lácteos aumentaron significativamente afectando a la economía mundial y en particular a los países que son importadores netos de alimentos.
Sin embargo, medidos en dólares constantes, dichos precios son, en el año 2008, similares a los de la década del 90 y bastante inferiores a los de la década del 70. El problema principal no es el nivel que han alcanzado sino la rapidez de la suba, en términos nominales.
El fenómeno responde tanto a causas de carácter estructural y de largo plazo como a algunos hechos y comportamientos de corto plazo que incluyen a elementos financieros independientes al sector alimentos.
La disminución de los precios experimentada durante los últimos dos meses confirmaría la hipótesis de que el enfriamiento de la economía mundial dará lugar a que los precios de los alimentos se reduzcan respecto a lo picos de mediados del 2008 y muestren una considerable volatilidad como resultado de los movimientos de fondos financieros. En el largo plazo, a medida que la economía mundial se estabilice, las tendencias estructurales probablemente empujarán nuevamente los precios hacia arriba en respuesta a una expansión de la demanda mundial que crece en mayor medida que la oferta.
Este nuevo contexto internacional, con una alta volatilidad en los precios y cambios sustantivos en la ubicación geográfica de una demanda internacional creciente en el largo plazo, presenta desafíos y oportunidades para Argentina tanto desde el punto de vista productivo como de las estrategias y políticas que afectan al sector agropecuario.
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