Avanzada la segunda parte de 2009 e independientemente de la mejora de algunos indicadores de los países de mayor peso económico, puede decirse que la salida de la crisis permanece incierta. Según las proyecciones más recientes del FMI �publicadas durante el mes de julio� la economía mundial se contraería a una tasa cercana al 1,5% en 2009, mientras que el volumen comerciado caería más del 12%. Aparece muy poco factible que la demanda agregada retorne a los niveles de 2007 y la primera parte de 2008, habida cuenta de los fuertes desequilibrios fiscales y de balanza de pagos irresueltos. La consecuencia es la de continuidad en el aumento de la tasa de desempleo, que en los países de la OECD se situará en niveles de dos dígitos durante el corriente año y 2010. Dentro de este cuadro cabe esperar que continúen aplicándose medidas de distorsión y restrictivas en materia comercial como reacción a la caída de la actividad económica y de las exportaciones.
Dentro del contexto señalado, el Grupo de los 20 (G-20), en el que confluyen los países desarrollados y en desarrollo responsables de más del 80% del PIB y de las exportaciones mundiales, continúa analizando y elaborando medidas que posibiliten la recuperación y la modificación de las condiciones que llevaron a la crisis.
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