Hubo un tiempo en que los misioneros españoles iban abriendo el mundo. ¡Y qué mundo! Sin transportes seguros, sin idiomas comunes, en territorios desconocidos y entre pueblos donde todo extranjero era enemigo. De esos misioneros, uno se lleva la palma: San Franciso Javier. Su vida es una formidable aventura en tierras exóticas y peligrosas, entre piratas malayos y samuráis. Y un impresionante ejemplo de fe
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