Tres meses de retrasos, una monumental bronca pública entre los Ministerios de Hacienda e Industria y el sector de los nervios, la tan esperada reforma energética ha visto la luz. Por lo menos, un resquicio, ya que el proyecto de ley aprobado por el Consejo de Ministros se limita, en línea con las aspiraciones de Montoro, a un simple retoque fiscal, que nada aclara sobre la futura estrategia energética de España ni da carpetazo al déficit de tarifa. Una reforma que, por eso mismo, ha sido calificada como de "corta de miras". El resultado: un sector eléctrico insatisfecho - amenazan con recursos judiciales y parones en las inversiones - y los ciudadanos, una vez más, abocados a un nuevo golpe a sus bolsillos, vía factura de la luz
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