Las hazañas científicas llaman menos la atención que las batallas o las grandes navegaciones, pero sus frutos permanecen durante siglos: los europeos aprendimos en América cosas que aún perduran. ¿Qué le pasaría por la cabeza al primero que probara una patata, un tomate o un pedazo de peyote? Aquí es donde entra un médico castellano, Francisco Hernández, que en 1570 dirigió la primera gran investigación sobre la naturaleza en el Nuevo Mundo
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