Los fármacos antitumorales ejercen su acción actuando sobre las células cancerígenas, las cuales comparten procesos metabólicos y funcionales con las células sanas, por lo que cualquier fármaco que actúe sobre las neoplasicas también lo hará, en mayor o menor grado, sobre las demás células del cuerpo. De ahí que los tratamientos quimioterapicos se asocien a una serie de efectos sobre el resto del organismo denominados efectos tóxicos o secundarios, que son citotóxicos en la mayoría de los casos.
La toxicidad derivada del tratamiento de quimioterapia debe ser evaluada minuciosamente tras cada ciclo y la recogida de datos debe incluir su intensidad, frecuencia y duración, considerando tanto los síntomas que no se relacionan con signos físicos evaluables ni alteraciones analíticas (toxicidad subjetiva) como los que aparecen en el examen físico y/o los análisis de laboratorio (toxicidad objetiva).
Los criterios comunes de toxicidad (CTC) son un sistema ordenado según la intensidad de la misma y los diferentes órganos o sistemas afectados; los mas empleados son: los del NCI, del ECOG y de la OMS.
La toxicidad inducida por quimioterapia es un evento frecuente en los pacientes que se someten a dicho tratamiento y debemos tenerla en cuenta en todas aquellas personas que inician o han iniciado un tratamiento citostatico. Su recogida debe ser sistematizada y su presencia evaluada tras cada ciclo para minimizar sus efectos y no deteriorar la calidad de vida los pacientes durante el tratamiento; también debe considerarse en aquellos pacientes que han concluido dicho tratamiento y se encuentran en fase de seguimiento evolutivo, para diagnosticar de manera precoz cualquier efecto toxico que pueda aparecer a medio o largo plazo.
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