Al advenimiento de la II República, los religiosos marianistas se encontraban firmemente implantados en España a través de obras escolares. Ante las leyes republicanas contrarias a la acción pública de las Congregaciones religiosas, los Marianistas se anticiparon a la legislación dando una identidad legal secular a sus establecimientos docentes. No obstante la enorme preocupación que ello generó entre los superiores, el acierto de esta estrategia se manifestó en el aumento del número de alumnos y de la cantidad de grados académicos de los religiosos.
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