La autora analiza el origen de este movimiento artístico en Alemania, Europa y Estados Unidos, como respuesta al arte de los años sesenta, el cual era indeterminado, con lenguaje abstracto y no figurativo. El arte de los años setenta se acerca a una narración figurativa y retoma referencias de la historia del arte y se ha convertido en el reflejo de una sociedad de la posguerra donde el progreso político, social y cultura está en decadencia. Por un lado el arte figurativo y por el otro el abstracto. Aurora Cortés describe el neoexpresionismo alemán, europeo y norteamericano de finales de la década de 1970. Además, señala que el proceso de desideologización puesto en marcha en esta época prosperó y se consolidó en 1980 y 1990. El arte retomó elementos ya utilizados en la tradición para relacionarse con la cultura popular y la cultura de masas, así el movimiento asumió una expresión mediatizada que se aproxima a la realidad.
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