La Comunidad Autónoma del País Vasco es un territorio eminentemente montañoso, en el que sus características físicas y climatológicas definen un espacio con un gradiente climático fuertemente marcado, desde condiciones mediterráneas en el sur hasta situaciones fuertemente oceánicas en la costa.
Las áreas de montaña tienen una importante superficie arbolada, que en muchos casos proporciona una renta complementaria a la obtenida del sector agrario. En el caso vasco, la proximidad de un tejido industrial con un alto requerimiento de productos forestales ha contribuido al desarrollo de una extensa superficie forestal con la finalidad de abastecer esta demanda, utilizando para ello sobre todo, el pino insigne (Pinus radiata).
Estas masas forestales ocupan en su mayoría terrenos privados y con fuertes desniveles, ya que los terrenos de menos pendiente suelen destinarse a actividades agroganaderas.
El monte y la selvicultura constituyen un eje económico, social y ambiental de primera magnitud en la configuración del territorio vasco.
Las condiciones topoclimáticas de la vertiente cantábrica le confieren una clara vocación forestal, que debe preservarse como seña de identidad y fuente de recursos para ese territorio.
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