Acusemos a los redactores en revistas que creen saberlo todo de videojuegos, espantemos con bengalas a los squatters de foros, cosamos a gorrazos a los blogueros que se ven más papistas que el papa, vale ya de frases petulantes para certificar una opinión y a alegaciones a la individualidad de las nalgas para mostrar libertina libertad. Vamos a opinar de los que opinan de videojuegos, somos el precipicio que devuelve la mirada y sañala con el dedo medio a la frente del opinante primero y arriba, al cielo, después.
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