Aristóteles heredó de su maestro una concepción intelectualista de la contemplación y ambos procuraron lograr la unión del bíos theoretikós al bíos politikós. Sin embargo, el Estagirita hizo un aporte propio a la cuestión. La separación que propone en EN VI 7 entre la sabiduría (sophía) y la prudencia (phrónesis) no le permite ‘garantizar’ que quien se dedica a la contemplación, v.gr. Anaxágoras y Tales, sea a la vez, un conocedor de lo que es bueno y adecuado en el ámbito práctico. De este modo, se enfrenta al desafío de conjugar la vida práctica y la contemplativa y sobre todo, de lograr que ambas se hagan efectivas en las acciones. El hecho de que el sabio elija actuar conforme a la virtud va más allá de una elección individual, la misma está determinada por el orden político que integra como ciudadano. Aristóteles no se limita simplemente a ‘esperar’ la eventual concordancia de la vida contemplativa y práctica, sino que hace mucho más que ello al diseñar el programa educativo del mejor régimen político y en particular, al reconocerle una importante función cívica al ocio en la búsqueda del bien común (Pol VII y VIII).
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