Existe una estrecha relación entre el consumo de grasas saturadas y el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. En las últimas décadas la ingesta de productos lácteos entre la población infanto-juvenil, ha experimentado junto con el consumo de carnes y otras fuentes de este tipo de grasas, un incremento respecto a la composición global de la dieta. La leche entera es un alimento natural de indudable valor nutricional, pero� ¿son compatibles las recomendaciones del consumo de leche con una ingesta moderada de grasas saturadas en la dieta de los niños y adolescentes?
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