En los últimos años se ha incrementado considerablemente en el mundo el número de nacidos pretérmino (<37 semanas). El avance en las terapias prenatal (corticoides) y posnatal (surfactante) ha contribuido a mejorar sensiblemente el pronóstico de estos niños. Como consecuencia de ello, los obstetras estamos desplazando con cierta inconsciencia la barrera de la prematuridad a la 34.a semana de gestación, con el consiguiente incremento de la prematuridad iatrogénica no siempre valorada en su justa medida.
En ocasiones olvidamos que el embarazo en la especie humana dura como media 40 semanas y que, a lo largo de todo este periodo, se está produciendo el desarrollo morfológico y funcional de todos los órganos. Este proceso no finaliza en la semana 34.a, ni siquiera en la 37.a. Es cierto que esta maduración puede alcanzarse extrauterinamente pero está demostrado que ello no se produce de igual modo que dentro del seno materno.
Debemos ser conscientes y actuar en consecuencia, ya que estos nacidos prematuros de más de 34 semanas, incluso los nacidos entre las 37.a y 39.a semanas, presentan morbilidad significativa, e incluso tienen incrementada la mortalidad perinatal.
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