El tapiz, que fue el arte decorativo más importante durante cinco siglos, sufrió en el siglo XIX una gran decadencia como consecuencia de causas diversas (económicas, estéticas y políticas). La clientela habitual desapareció y muchas manufacturas en Europa se arruinaron. En España, envuelta en guerras y cambios políticos, la situación durante aquella centuria fue más grave aún, sin embargo en el siglo XX se produjo un espectacular renacimiento de la tapicería. La Real Fábrica de Tapices de Madrid fue una de las protagonistas de esta nueva edad de oro.
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