En el arzobispado de Lima, como en otros, a finales del siglo XVIII se nota un cambio sustancial en el reclutamiento del clero secular para las doctrinas. Se privilegia entonces a los lenguaraces, conocedores de la lengua indígena, pasando ese requisito por encima de los demás. Eso tuvo consecuencias notables sobre la preparacion pero también el origen social y étnico de esos sacerdotes, obligados a trabajar con estatuto fragilizado, sin posibilidad de promocion ni cambio de destino, desembocando todo eso en la aparicion de un verdadero bajo clero.
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