La respuesta a la parada cardiaca extrahospitalaria debe ser una prioridad para todos los sistemas sanitarios por su elevada incidencia y sus dramáticas consecuencias. Es la tercera causa de mortalidad en las sociedades avanzadas. La estrategia asistencial descansa en los cuatro eslabones de la «cadena de supervivencia»: la alerta inmediata, el soporte vital básico realizado por los testigos, la desfibrilación temprana y, por último, el soporte vital avanzado precoz, seguido de los cuidados intensivos tras la resucitación. La efectividad de esta cadena está condicionada por su eslabón más débil; los elementos clave para la supervivencia son las compresiones torácicas precoces, realizadas con mínimas interrupciones, y la desfibrilación temprana. La introducción del desfibrilador externo semiautomático ha hecho posible que se plantee como objetivo realista lograr un tiempo de desfibrilación < 5 min. Su utilización por los servicios de emergencias sanitarios y cuerpos de seguridad es efectiva y eficiente, como también lo es su introducción en espacios públicos adecuadamente seleccionados, aunque en este caso su eficiencia puede variar significativamente según las características y el nivel de riesgo del espacio donde se ubiquen.
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