Nuestra sociedad relaciona la diversidad sexual a lo anómalo o a la enfermedad, una visión a veces justificada por enfoques que se autodenominaban "científicos". Para romper esta inercia, es preciso transmitir a la infancia unas creencias y actitudes positivas que diluyan la dicotomía existente entre masculinidad y feminidad en la actual estructura de roles. La escuela tiene un importante papel transmisor en este proceso.
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