Alfonso X es un rey letrado por ser responsable de unos proyectos diseñados para educar a su pueblo y su país a la vez que rescatar la sabiduría del pasado, castellánizandolo cuando el latín ya no servía. Este rey, sabio, docto e instruido, organiza, con montar su Scriptorium y un proyecto de traducciones, una serie de obras científicas, jurídicas, históricas, poéticas y de ocio, en las que trabajaban equipos selectos de varia índole por más de tres décadas. También tenía que organizar una biblioteca con obras prestadas, copiadas, comisionadas, heredadas y traducidas para llevar a cabo su gran proyecto cultural. Como Federico II y su hijo Manfredo, de Sicilia, y bajo el modelo de Salomón, Alfonso se hizo el progenitor de un translatio studii sin paralelo en el siglo XIII.
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