Hay Estados fallidos, pero se puede ir más lejos: Kosovo, por ejemplo, un Estado criminal cuyo presidente, Hashim Thaçi, es uno de los máximos jefes de la mafia kosovar. Una mafia cuyos negocios comprenden el tráfico de drogas, singularmente de heroína, la trata de personas, la comisión de asesinatos y robos y, destacadamente, el tráfico de órganos humanos.
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