Alberto Magno aprovecha lo mejor del neoplatonismo y del aristotelismo. Examina la doctrina aristotélica sobre el deseo de la verdad presente en la naturaleza humana y la ciencia metafísica que permite intuir la fuente de ese deseo, pero éste es analizado con más profundidad por el Pseudo Dionisio, siendo la ciencia teológica la que da más respuestas y la ciencia más universal, porque logra una mayor perfección no sólo intelectual sino de toda la persona.
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