Bilbao, España
Un discurso teológico sobre el Dios vivo tiene que articular la dimensión de la analogía para expresar la relación entre revelación y misterio, cognoscibilidad e incomprensibilidad, afirmación y negación, lenguaje e inefabilidad, trascendencia e inmanencia, fe y razón. Asimismo tiene que articular la dimensión del logos como amplitud de la razón entendida como capacidad de argumentación y de coherencia, la dimensión de comunicación de la experiencia de la fe de forma paradójica, la narración interpretativa y performativa, la dimensión del símbolo y del silencio elocuente y todo ello de manera significativa para transmitir y hacer presente al Dios vivo revelado en Jesucristo.
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