Los santuarios de Eurínome y la Deméter Melena en Figalia (Arcadia) se construyeron como ejes de un concepto de tiempo distinto del lineal, un tiempo que minimizara la oposición pasado-presente, exaltando el valor de una tradición que, lejos de residir en el pasado, se encarnaba en el presente. Y la base de este entramado religioso no es otra que la de cultos femeninos arraigados a la tierra que, sin recurrir a la violencia expresa, fijaban a la población a la comunidad, a sus sistemas de organización y poder y a sus élites, repartiendo roles de género muy difíciles de socavar, ya que se apoyaban en la tradición religiosa.
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