José María Albareda fue químico, farmacéutico y sacerdote, se formó en varios países europeos cuando España apenas miraba más allá de sus fronteras, promovió el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) al terminar la guerra civil, y trabajó siempre con el convencimiento de que su servicio a Dios pasaba por promover la investigación científica. Hace cincuenta años fue nombrado rector de la Universidad de Navarra.
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