La entrevista de David Frost a Richard Nixon es uno de los grandes hitos de la televisión. El mal sabor que el caso Watergate y las evasivas del presidente habían dejado en Estados Unidos quedaron compensados por las preguntas perspicaces y documentadas del periodista a lo largo de un tenso encuentro que recompuso de algún modo el puzzle de la historia. Pero la televisión también es capaz de lo peor, y el propio Frost lo ha advertido en más de una ocasión: "Es un invento que permite que seas entretenido en tu salón por gente que nunca tendrías en tu casa". Buena parte de la programación actual podría llevar a pensar que calidad y éxito son dos conceptos casi irreconciliables, pero en estas páginas se demuestra que hay espacios que entretienen, que forman, que informan y que hasta son rentables.
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