El Ejército Argentino llevó adelante una transformación capital para lograr el pretendido profesionalismo y una doctrina adecuada a los tiempos, a partir de la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, fundador del Colegio Militar y la Escuela Naval. Sucesivas autoridades nacionales, civiles y militares aportaron su impulso e inteligencia en este camino, y ya a partir de 1900 se hizo patente la necesidad de capacitación, educación y obtención de armas, municiones y pertrechos militares en el exterior. En un hecho inédito y durante 14 años, casi 200 oficiales argentinos fueron enviados a Alemania a prestar servicios en estados mayores, comandos, academias, escuelas y unidades de tropa, a asistir a maniobras, ejercicios y cursos de perfeccionamiento y a integrar comisiones de compras de armamentos. El efecto fue enorme y a su regreso, la actividad de cada oficial fue vehemente a la hora de transmitir sus experiencias, sentar doctrina, publicar reglamentos y formar aventajados oficiales, suboficiales y soldados. La familia de quienes se desempeñaron en el ejército imperial, de una u otra manera, sintieron el efecto que dejó su impronta en las esposas, hijos y nietos —incluso en los mismos jefes de familia—, para formar, sin quererlo, un grupo homogéneo con estilos y costumbres muy particulares, muchos de ellos heredados de aquellos militares pioneros en busca de un ejército más capacitado.
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