La conmemoración del Centenario de la Independencia en Venezuela afianzará en el pueblo la idea de haber alcanzado finalmente un clima de paz y armonía, de reencuentro con las glorias del pasado. Las iniciativas oficiales a favor de las artes se encaminaron necesariamente hacia la exaltación de los valores patrióticos, mediante monumentos públicos según los cartabones clasicistas. El centenario fue, quizá, el punto culminante de esa tradición académica rechazada por los jóvenes, pero socorrida por las instituciones oficiales, y no es casual el éxito obtenido por dos artistas, el escultor Eloy Palacios con su Monumento a Carabobo de 1911 y el pintor Tito Salas con su Tríptico Bolivariano del mismo año. La mayor parte del patrimonio artístico público encomendado para la fecha sigue sirviendo de ornato en la ciudad capital, aunque no se haya valorado todavía en conjunto la contribución de los artistas.
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