Todas las administraciones sanitarias están redoblando sus esfuerzos por avanzar en políticas dirigidas a lograr una prescripción eficiente en el marco del uso racional del medicamento.
Estas iniciativas incluyen, entre otras, la llamada �prescripción por principio activo�, al considerar que puede ser una herramienta útil para lograr ese objetivo. Sin embargo la respuesta no es tan fácil como aparentemente podría parecer, dados los diferentes aspectos derivados tanto de la aplicación práctica de la definición de �uso racional del medicamento� como de la prescripción por principio activo.
De otra parte, el llamado �uso racional del medicamento�, tal y como fue propuesto por la OMS presenta algunas disfunciones, al considerar al paciente como un sujeto pasivo en la atención sanitaria y, en particular, en la prestación farmacéutica.
Finalmente, en el caso del Sistema Nacional de Salud español y, considerando las características del mercado farmacéutico y los mecanismos de regulación de la oferta farmacéutica pública (especialmente la existencia de un sistema de precios de referencia) así como las ventajas y las limitaciones de la prescripción por principio activo generalizada cabe concluir que esta modalidad de prescripción no parece ser una herramienta adecuada para impulsar el uso racional del medicamento ni el avance hacia un uso responsable de los medicamentos.
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